miércoles, 6 de mayo de 2015

Entrevista a José María Rosa Bastida, responsable de Linguee en español


Entre las herramientas que utilizo en mi día a día se encuentra una de la que hoy os voy a hablar a fondo: Linguee. Recurro a ella cada vez más, la mayoría de las veces para saber cómo se ha abordado la traducción de un término en según qué contextos y páginas. De hecho, de tanto utilizarlo se me iban ocurriendo preguntas y más preguntas, así que decidí contactar con el responsable del departamento de español para conocer de primera mano esta herramienta de la que hace poco se habló mucho en los blogs por su nueva imagen y opciones. 

Dicho lo cual, os traigo una entrevista a José María Rosa Bastida, responsable de Linguee en español y que muy amablemente se ha prestado a responder a algunas preguntillas. Jose María Rosa Bastida es intérprete de conferencias y traductor jurado de francés y alemán. Estudió en la Universidad de Granada y está terminando su máster en traducción especializada en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Colonia, estudios que compagina con su labor en Linguee como responsable del departamento de español y como intérprete/traductor.

Sin más dilación, os dejo con la entrevista:

Gereon Frahling, antiguo investigador postdoctoral de Google, y Leonard Fink, crearon Linguee en 2008. ¿Qué necesidades se detectaron para plantearse crear un diccionario/motor de búsquedas de la envergadura de Linguee? ¿Cuál fue el objetivo inicial que perseguía alcanzar Linguee?

Gereon Frahling trabajó hasta 2007 como investigador postdoctoral en el Departamento de Investigaciones de Google en Nueva York. Su conocimiento en estadística lo llevó a la conclusión de que probablemente las traducciones generadas por ordenador nunca podrán estar libres de errores gramaticales. Así surgió la idea de crear un servicio web capaz de ofrecerle al usuario la oportunidad de acceder a traducciones realizadas por personas, así como apreciar los diferentes contextos en los que dichas traducciones pueden encontrarse. En noviembre de 2007, Gereon Frahling decidió abandonar sus investigaciones en Google para volver a Alemania y fundar Linguee.


En el comunicado de prensa del lanzamiento de la nueva versión de Linguee del 9 de febrero se dice que este diccionario lo utilizan 500 millones de personas. ¿A qué tipo de público está dirigido? 

Entre esos 500 millones se encuentran profesionales del ámbito de los idiomas como traductores, intérpretes, lingüistas y profesores de idiomas, sin olvidar a los de otros sectores, como turismo, medicina, ingeniería, construcción, política y derecho. Todos nos transmiten diariamente su agradecimiento por nuestra labor, lo que constituye una gran recompensa a todo el trabajo que hacemos. Por otro lado, nos consta que Linguee resulta de gran ayuda también a todas aquellas personas que están aprendiendo un nuevo idioma. El objetivo principal es, por tanto, que Linguee sea una herramienta útil y flexible para adaptarse a diferentes perfiles de usuarios y eliminar cualquier barrera lingüística.



En el mismo comunicado se anticipa que es probable que Linguee se convierta en el diccionario en línea número uno en el plazo de un año. ¿Qué diccionario ocupa actualmente este puesto y por qué en un año Linguee piensa que logrará superarlo? ¿Qué ofrece Linguee que no ofrecen otros recursos en línea?

Sí, Gereon Frahling calculó el número de visitas que ha tenido Linguee desde sus comienzos hasta hoy y analizó dicha progresión, que puede observarse en el gráfico “Número de visitas” (incluido a continuación). Asimismo, observó los datos publicados por los demás diccionarios en línea y pudo constatar que, atendiendo a dichos datos y a nuestra progresión, en relativamente poco tiempo podríamos alzarnos con el primer puesto. Aquí podéis descargar un PDF de datos y cifras con más información.





Linguee se distingue por diferentes motivos:

  • Lo que se consiguió en el mundo de la información con herramientas como Wikipedia o Google, llegó también al sector de los diccionarios de la mano de Linguee. 
  • Linguee da acceso a más de mil millones de textos en cuestión de segundos, lo cual equivale a 1000 veces más ejemplos de traducciones que los demás diccionarios disponibles.
  • Dichos ejemplos se reparten en más de 230 combinaciones lingüísticas entre los idiomas alemán, búlgaro, checo, chino, danés, eslovaco, esloveno, español, estonio, finés, francés, griego, húngaro, inglés, italiano, japonés, letón, lituano, maltés, neerlandés, polaco, portugués, rumano, ruso y sueco.
  • Los ejemplos, a diferencia de cualquier otro diccionario, permiten conocer no solo la traducción de expresiones como “a golden opportunity”, “más vale pájaro en mano que ciento volando” o “a lo hecho, pecho”, sino que también permite obtener la traducción de un término, especializado o no, en relación con otros: por ejemplo, la traducción de “strong” en “strong evidence”, “strong relationship” o “strong opinion”. Así pues, Linguee es único al no restringir las búsquedas a un solo término o forma (como ocurre con otros servicios en línea conocidos por todos). Se puede buscar también en plural, singular, masculino, femenino, así como en diferentes tiempos verbales.
  • Si se desea, se puede ampliar el contexto en el que se encuentran las frases al poder acceder a la página de la que procede el ejemplo mediante el enlace que aparece bajo los ejemplos.
  • Linguee aúna a la vez un diccionario interno y un motor de búsqueda, y permite realizar búsquedas avanzadas utilizando operadores de búsqueda.
  • Los resultados del diccionario de Linguee aparecen ordenados por orden de frecuencia, tal y como lo hacían antes de nuestro último lanzamiento.
  • La tecnología pionera de autocompletado y autocorrección desarrollada en Linguee permite encontrar resultados aún más rápido, incluso tras introducir las primeras letras de un término o expresión, o incluso si nos equivocamos al introducir el orden de las letras.
  • Ofrecemos la posibilidad de escuchar la pronunciación de cientos de miles de entradas de nuestro diccionario en alemán, inglés británico, inglés americano, portugués de Portugal, portugués de Brasil, francés y español. En el futuro incluiremos también la pronunciación de las entradas de nuestro diccionario en otras variedades regionales y/u otros idiomas disponibles en Linguee.
  • Todo este servicio está disponible de manera gratuita y puede consultarse a través de un dispositivo móvil de una manera mucho más cómoda que antes gracias a una versión para móviles de nuestra página mucho más dinámica y con mayor capacidad de respuesta.
  • Por el momento lanzamos la aplicación de Linguee (igualmente gratuita) para Android y Apple en la versión alemán-inglés. No obstante, trabajamos para que el lanzamiento de las demás combinaciones tenga lugar lo antes posible.

También se afirma que se ha contado con más de 400 traductores, lingüistas y lexicógrafos. ¿Para qué idiomas se pensó actualmente Linguee? ¿Está previsto seguir ampliando la ya de por sí amplia lista de idiomas disponibles?







El año pasado contamos con la colaboración de más de 400 colaboradores (traductores, lingüistas y lexicógrafos) y este año pretendemos realizar una gran inversión para incrementar dicho número. Linguee comenzó a mediados de 2010 ofreciendo la combinación inglés-alemán. Unos meses más tarde se sumaron las combinaciones de inglés en combinación con francés, español y portugués. De ahí hasta llegar a las más de 230 combinaciones actuales.

En el futuro queremos ampliar nuestra oferta con idiomas como el árabe o el turco, aunque tampoco se descartan otros idiomas. Como representante de Linguee en español y español que soy, uno de mis deseos es añadir el catalán, el gallego y el vasco. Todo ello requiere mucho tiempo. Como decía Machado, “se hace camino al andar”. Poco a poco iremos anunciando a través de nuestro boletín informativo, así como en Facebook y en Twitter, las novedades que Linguee os tiene preparadas ;-)


¿Qué criterios tienen que cumplir los textos que se añaden al motor de búsquedas de Linguee? ¿Cómo se comprueba su fiabilidad (hay textos de la Comisión Europea, pero también de páginas que parecen haber sido traducidas con Google Translator por su literalidad y falta de corrección).

Para no caer en un discurso demasiado técnico, seré breve. Los ejemplos que aparecen en Linguee no son ejemplos redactados por nosotros, sino que proceden de Internet, especialmente de sitios web de empresas, de organizaciones internacionales y de universidades. Dichos ejemplos se obtienen mediante un programa informático que busca ininterrumpidamente sitios web bilingües. Tras encontrar dichos sitios, se extraen palabras y oraciones desde su origen. A continuación, un algoritmo de aprendizaje automático recibe un “entrenamiento” dirigido por personas y aprende de forma autónoma a reconocer miles de estos contextos, así como a filtrar de manera eficiente las traducciones de calidad de las que no lo son.

Entre los parámetros utilizados para distinguir la calidad, se atiende a la fuente, a la frecuencia de palabras en la página y al estilo de la traducción, entre otras muchas variables. Según lo aprendido, el algoritmo determina la calidad de los textos y ordena dichos textos a la hora de presentar los resultados de la búsqueda. Nuestros servidores han comparado y evaluado hasta el momento más de un billón de oraciones. Finalmente, solo un 0,01 %, o lo que es lo mismo, 100 millones de ejemplos de oraciones traducidas, han sido incorporadas al servicio. Este programa informático continúa aprendiendo cada día para mostrar siempre los mejores resultados.

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¡Muchas gracias, José María!
¿Y vosotros, utilizáis a menudo esta herramienta? ¿Se os ha quedado alguna duda en el tintero? ¡Bienvenida sea, os espero en los comentarios!

jueves, 9 de abril de 2015

El papel del traductor en la elección del título de una película



Adaptación. Fuente original aquí


En noviembre empecé a estudiar el Máster en Traducción Audiovisual: Localización, subtitulación y doblaje del ISTRAD y, hace poco, leyendo el módulo sobre la práctica de la traducción audiovisual elaborado por Frederic Chaume, me llamó la atención uno de los apartados. En él se decía que el primer paso del proceso de una traducción audiovisual es que el estudio contacta con el traductor y, a continuación, y cito textualmente, "el traductor acepta y da un presupuesto de traducción junto con una propuesta de título en la lengua meta". Me sorprendió mucho esta información y no dudé en transmitirle mi inquietud al autor, F. Chaume, al que le envié el siguiente correo:


"Teniendo en cuenta que el traductor no conoce la historia (entiendo que no ha recibido el material porque no se ha cerrado el acuerdo), aún no ha traducido la película (y por tanto no sabe de qué va) y aún no se ha acordado un presupuesto (eso viene después), ¿el traductor 'improvisa' un título sin tener más datos? ¿El traductor 'regala' la propuesta de algo tan importante como el título de una película (ya que lo propone ante siquiera de llegar a un acuerdo económico)?"

Sabía que, habitualmente, son los departamentos de marketing los que acaban decidiendo el título de la película, pero mi pregunta estaba más enfocada a cómo puede el traductor proponer algo así sin más información y cómo es que lo propone antes de cerrar el acuerdo. Muy amablemente, Chaume me contestó lo siguiente:


"La traducción de títulos funciona de la siguiente manera:
1. En el caso de TV (y de las distribuidoras en DVD) ocurre lo que se expone en los materiales: nos piden un presupuesto (según las tarifas que tenéis allí también) y un título, porque tienen que anunciar ese filme en la parrilla televisiva, en el teletexto, en Internet, y necesitan el título ANTES QUE LA TRADUCCIÓN. Entonces procedemos de dos maneras:
  • Si el filme ya se ha distribuido en España (en TV, en cine o en DVD) entonces estamos obligados a buscar la traducción con que se distribuyó ese filme en España y mantenerla, nos guste o no (es decir, aunque la traducción del título sea de la época de Franco). En algunas ocasiones la cadena de TV conoce el filme, y ya nos da el título en español y no tenemos que buscarlo;
  • Si el filme no se ha distribuido en España, entonces proponemos tres títulos y la cadena de TV elige unoPara saber si el filme se ha distribuido o no en España usamos la base de datos IMDB (y comprobamos también por si acaso en Film Affinity o Google en general)

2. En el caso del cine (y a veces de las distribuidoras en DVD que lanzan películas no estrenadas), al tratarse de estrenos, existen dos opciones:
  • La opción general es que la distribuidora elige el título por las razones que todos conocemos (razones de marketing);
  • A veces la misma distribuidora le pide al traductor tres opciones de título y elige una, como en el caso de la TV. Esto pasaba, por ejemplo, con todo el cine de Stanley Kubrick y en otros muchos casos.
Esto explica por qué nos piden el título sin haber traducido la película: en el caso de la TV, porque ya existe ese título (pero ellos no lo saben) o porque no existe y lo necesitan para anunciar el filme, y, en el caso del cine o del DVD, porque a veces a la distribuidora no le importa poner el título y lo deja en manos del traductor, quien ofrece esas tres opciones, sin haber visto el filme muchas veces, o viéndolo (al menos las primeras escenas) rápidamente -eso hago yo si no me dejan verlo por razones de tiempo".

Tras esta primera explicación, y como no podía ser de otra manera, me surgió otra duda más, ya que no dejaba de resultarme curioso que existiera la posibilidad de que ya hubiera un título en español de la película y "ellos no lo supieran", así que le pregunté lo siguiente:
"Entonces, si ya está traducido el título, ¿significa que la película ya está traducida? ¿Por qué encargarían entonces la traducción (estaríamos hablando de una "retraducción" para 'actualizar' la película)?". 
De nuevo, Chaume me aclaró las dudas:

"Sí: cuando ya está traducido el título es que ya está traducida la película con anterioridad. ¿Por qué entonces vuelven a encargar la traducción? Por estas seis razones:
  1. Habitualmente, porque esa traducción tiene derechos. Tendrían que buscar quién tiene esos derechos, pagar los derechos y usar esa traducción. Esto es más caro, a veces, que volver a traducir. Y además es más lento, mucho más lento, y entonces la emisión se retrasa.
  1. Porque no se sabe quién tiene esos derechos de la traducción.
  1. Porque no se puede localizar la copia doblada (pero en imdb y en el archivo del Ministerio sí consta que está doblada esa película, por eso sabemos el título).
  1. Porque la pista donde se ha grabado el doblaje es vieja, suena mal, tiene defectos, suena anticuada, la interpretación ya no gusta, etc.
  1. Porque la película es antigua, la traducción también, y quieren actualizarla, o como se diría en teoría, retraducirla. Además, puede que se tradujera en tiempos de Franco y además podía contener censura, por lo tanto, quieren una nueva traducción.
  1. Porque se traduce a una lengua autonómica en España, y se tiene que conservar el mismo título, obviamente traducido al catalán, gallego o euskera.
Ya ves que hay tantos factores en juego que es normal que nos vuelvan a pedir la traducción: es más fácil, más rápido, más barato, más actual..."

¿No os ha parecido la mar de interesante saber cómo funciona el proceso de la elección de un título "por dentro"? Y además, contado por F. Chaume, uno de los grandes de la traducción audiovisual y, por cierto, autor de este libro, que os puede resolver muchas dudas: 

Chaume, F. (2012) Audiovisual Translation: Dubbing. Londres y Nueva York: Routledge.

¡Muchas gracias, Chaume, por las respuestas y por el permiso para plasmarlo aquí!


domingo, 22 de marzo de 2015

¡Malditos becarios!


Fuente


Ya es un clásico. Metedura de pata que ocurre = metedura de pata que se asocia a un becario.

Esta vez, la entrada no alude directamente al sector de la traducción, sino que hace referencia al trato injusto generalizado que se les da a los becarios actualmente, sobre todo cuando se trata de las meteduras de pata (lingüísticas, en este caso) que salen en los medios de comunicación. Hoy mismo me he topado con otro ejemplo más de este tipo de actitud. En El País, "alguien" ha metido una pata muy gorda (e irónica) y ya hay a quien le ha faltado tiempo para hacer la típica bromita (o peor, igual no es broma) de los becarios.

Hoy en Twitter

Esta actitud no es ni mucho menos nueva, pero no por ello deja de ser injusta la generalización. Está claro que la falta de experiencia profesional hace que uno cometa más errores que si le ampara una larga trayectoria profesional, pero los errores son inherentes al principiante y no hay otra forma de desarrollarse y mejorar. No es justo convertir a los becarios en el blanco de todas las críticas cuando algo no sale bien, ni aunque se diga de broma.

Por ejemplo, en nuestro sector, donde nos deleitamos resaltando los errores del lenguaje que aparecen en los medios, no es poco habitual escuchar aquello de "Ay, el becario..." cuando se dan casos tan bestias como el de la imagen que muestro a continuación, que ocurrió hace bien poco. Curiosamente, es muy posible que detrás de esa cagada esté un "profesional" con años de experiencia al que, por supuesto, se excusaría más fácilmente ("¡Un error lo tiene cualquiera!", "¡No es lo mismo un error que una errata!"). Aunque conociéndonos tampoco lo perdonaríamos, la actitud sí sería algo distinta.

Fuente

Asociar automáticamente las meteduras de pata a los becarios me parece una de las afirmaciones más hirientes e injustas que se pueden realizar, sobre todo actualmente, donde encima hay que dar las gracias si, después de hincar los codos lleno de esperanza durante los últimos años, te hacen un contrato de becario en el que, con suerte, te pagan. Los becarios son necesarios, aprenden rápido y a menudo dan la talla (y, si no la dan, no es por ser becario). Si salen a relucir meteduras de pata de esta envergadura es porque hay un superior que no ha supervisado ese trabajo (que es deber, puesto que es consciente de que tiene a alguien que está empezando). En el caso de La Sexta, en el supuesto de que hubiera sido un becario el que hubiera escrito mal "devastador", ¿quién es el encargado de dar el visto bueno a su trabajo y publicarlo? Ese es el responsable final.

Ojo, que muchos lo dicen sin mala intención y precisamente por haber sido becarios antes bromean "con derecho" sobre el tema, pero algo me dice que otros se dejan llevar por el tópico, y no reparan en lo que están diciendo realmente.

Fuente

Habría que ver a muchos de los que miran por encima del hombro a los becarios desempeñar sus labores y ver cómo se sienten al final del día, cuando reparan en lo mucho que se han esforzado durante los últimos años para "acabar" (hay que resaltar que ser becario es el principio, no el fin) haciendo lo que hacen.a.

Fuente

Para terminar, os dejo una relación de grandes profesionales que empezaron como becarios (sacada de aquí):
  • Bill Gates: becario en el Congreso de Washington; se encargaba de tareas administrativas.
  • Steve Jobs: becario en Hewlett-Packard
  • Steven Spielberg: becario en Universal
  • Oprah Winfrey: Becaria en la televisión de Tennessee
Sé que es recurrir a los ejemplos de los "triunfadores" de siempre, y que además no son ejemplos españoles, pero creo que sirven bien para ilustrar de lo que estoy hablando ;-)


domingo, 8 de marzo de 2015

Mi odisea hasta llegar a ser traductora

Hoy echo la vista ocho años atrás para recordar el esfuerzo que cuesta lo que realmente ansías, la importancia de tener un objetivo definido y la recompensa de la que podrás disfrutar si no te rindes. 

Cuando llega el momento de decidir qué carrera estudiar, no parece haber mayor misterio que elegir por orden de prioridad dónde y qué estudios queremos cursar. Sin embargo, cuando la facultad a la que quieres acceder tiene prueba de acceso, la cosa se complica; de repente, entra en juego una posibilidad que no te imaginas: no aprobar. En mi caso, tuve que enfrentarme hasta en tres ocasiones a la prueba de acceso de la Facultad de Traducción y Documentación de Salamanca hasta que conseguí mi objetivo. 

Cuando suspendí la primera vez, me planteé pasar un año sabático preparando la prueba y aprendiendo otros idiomas, pero pronto descarté la idea al darme cuenta de que ni iba a tener esa constancia, ni me podía permitir "perder comba" de esa forma. No era el camino. Al final, después de descartar mis otras opciones (Periodismo, Turismo o Psicología), decidí matricularme en Filología Inglesa, siempre teniendo en mente que el plan era "hacer tiempo" hasta conseguir entrar en Traducción. Además, tanto Traducción como Filología compartían ubicación, la maravillosa Plaza de Anaya, por lo que se me ocurrió que podría cursar créditos de libre elección de asignaturas de TeI mientras estaba en Filología. 

Pese a mi descontento inicial, allí conocí a los que hoy son buenos amigos y adquirí conocimientos que, por el plan de estudios (échale un ojo a la entrada "¿Filología o Traducción?"), no podría haber aprendido de forma tan extensa en TeI (literatura [inglesa y también alemana, mi segunda lengua allí], fonética y fonología, dialectología, lingüística, etc.). Bastantes compañeros tampoco habían aprobado la prueba de acceso y muchos no volvieron a intentarlo (quizá por el orgullo herido o, sencillamente, porque sus preferencias cambiaron).

Después del primer curso (2007-2008), pensé que de ninguna manera volvería a suspender la prueba después de tener un añazo en Filología a mis espaldas. No me había preparado de ninguna forma pensando que con lo que había aprendiendo sería suficiente, pero, para mi sorpresa, desmotivación y descontento, no fue así. NO APTA de nuevo. La rabia se convirtió en determinación y pasar aquella prueba maldita pasó a colocarse en el primer puesto de mi lista de retos personales (no académicos). Empecé a informarme de dónde podría prepararme y, en uno de los centros donde acudí, me ocurrió algo insólito: tras explicar lo que buscaba, se rieron en mi cara argumentando que "ahí es muy difícil entrar, solo los que tienen padres nativos tienen posibilidades, ni te molestes en intentarlo". Otro obstáculo más el camino, más leña que alimentó mi fuego

Finalmente, y aconsejada por un gran profesor que notó que no me iba a dar por vencida, acudí a una academia donde me dijeron que, si bien medio año no era suficiente para preparar el examen, estarían encantados de ayudarme a intentarlo. Asistí entre dos y tres veces por semana a clases individualizadas hasta que llegó la hora de la verdad. 

22/6/2009, 12:52, salida del examen

Como veis, tengo hasta testimonio gráfico. Mi madre estaba tan segura de que iba a aprobar por fin, que hasta se llevó la cámara para inmortalizar ese momento. Ahora, seis añitos después, no puedo más que alegrarme (¡quién me iba a decir que acabaría publicándola en mi blog de traducción!)
El presentimiento de mi madre se cumplió: lo había conseguido. Unos días después degusté aquel flamante APTA. A partir de entonces, compaginé el primer año de Traducción con tercero de Filología, pero al irme de Erasmus en tercero (y, por qué no decirlo, al ver qué era lo que realmente me llenaba), acabé por abandonar Filología después de 3 años de estudiarla. Y no me importó porque había conseguido mi objetivo inicial, aquel que nunca perdí de vista.

De esta experiencia saco varias conclusiones:
  1. Si quieres algo, ve a por ello, independientemente de lo que te quieran convencer los demás ("es muy difícil", "no tienes posibilidades", "solo unos pocos lo consiguen"...). A no ser que cambien tus prioridades, ten siempre presente por qué estás donde estás en cada momento. No pierdas de vista tu objetivo último.
  2. Ten siempre un plan B (...mientras consigues el objetivo A). Si algo no sale como (o cuando) esperas, aprovecha para hacer otras cosas útiles relacionadas con el fin último mientras luchas por tu meta. Nada cae en saco roto y mucho menos si se trata de estudios.
  3. Cuando algo se te pone difícil, tienes dos opciones, rendirte ("no valgo") o crecerte (¿Ah, sí...?").
Gracias a no haber entrado ni a la primera ni a la segunda, cuando llegó la tercera y vencida, "devoré" la carrera y todo lo relacionado con la traducción. Es más, quizá si las cosas hubieran ocurrido de otra forma, hoy no estaría escribiendo en este blog (por si no lo sabíais, Traducir&Co nació con la idea de ofrecer información sobre la prueba de acceso porque, en 2007, cuando yo lo intenté, apenas encontré datos; solo en Forotraducción, mi primer contacto con el mundillo. ¡Recuerdo hablar por el MSN con Eugenia ya en 2007...!). Al hacer las pruebas año tras año, salía del examen acordándome del título de los textos y, al llegar a casa, los buscaba y los guardaba. En tercero, los recopilé y los subí al blog en la que ha sido durante mucho tiempo la entrada más visitada del blog, con más de 18 500 visitas (ahora desbancada por "El currículum del recién licenciado").

Como os habréis dado cuenta, esta entrada se llama "Mi odisea hasta llegar a ser traductora".
"Odisea" en el buen sentido de la palabra ;)
Sin embargo, en ella solo he hablado del camino recorrido hasta entrar en la carrera (que no es sino el principio, en realidad). La razón es que yo me he sentido traductora desde el día en que me decidí por esta rama y, aunque hasta conseguirlo haya tenido que enfrentarme a obstáculos difíciles de sortear desde el punto de vista emocional/motivacional, la espera y la lucha han merecido la pena.


sábado, 17 de enero de 2015

La enseñanza de inglés en las aulas españolas: motivación y recompensas



La entrada de hoy es distinta a las habituales, porque no trata de la traducción, sino del modelo de enseñanza/aprendizaje del inglés en las aulas españolas, un aspecto que para nosotros no parece haber supuesto un problema (hemos acabado siendo traductores), pero que a muchos ha dejado por el camino, cabizbajos y con un nivel de inglés inaceptable después de tantos años de estudio.

No somos pocos quienes no estamos de acuerdo con cómo se suele enseñar (salvo excepciones) esta lengua en los colegios e institutos, puesto que se basa en su mayoría en ejercicios tipo fill the gaps, listenings enlatados e interacciones cuyo contenido no parece diferenciarse entre sexto de primaria y segundo de bachillerato (I am... I like...). El resultado, en general, son alumnos desmotivados que ven el inglés como un tostón y una asignatura más que hay que aprobar. Algunos nos dimos cuenta, gracias a profesores maravillosos que destacaban entre los demás y a nuestra propia inquietud (entender las letras de las canciones, las películas, etc.) de que el inglés era mucho más que el verbo To be. Sin embargo, no todos tuvieron esta suerte ni sintieron esa inquietud y acabaron rechazando esta lengua con un nivel pésimo. Pero el tipo de ejercicios y libros de texto no lo es todo; hay otro factor muy importante en la desmotivación del alumno del que voy a hablar en esta entrada: el método premio-castigo.

Para poneros en contexto, estoy haciendo un curso en el que se habla de teorías del aprendizaje como el innatismo de Chomsky, que piensa que la capacidad del lenguaje está genéticamente determinada, y el conductismo de Skinner, que opina que el aprendizaje funciona premiando al alumno que acierta y castigando (o no premiando) al que comete errores. Después de leer a fondo sobre el tema, me planteo la pertinencia del método premio-castigo en las aulas, un planteamiento muy antiguo que nunca se ha puesto en entredicho, como demuestra el empleo de las notas numéricas en los exámenes desde hace muchísimos años, sin quizá plantearse el efecto que estas pueden tener sobre el aprendiz.
 

Si un alumno de una segunda lengua (inglés) hace bien lo que se le pide, se le reforzará a través de una buena nota que, a su vez, posiblemente le hará sentirse motivado y con ganas de seguir aprendiendo y superándose a sí mismo. Por el contrario, si se equivoca o erra en su planteamiento, se le penalizará con una nota más baja y muy probablemente, con una llamada de atención por parte del profesor. Esta teoría plantea, desde mi punto de vista, un problema fundamental: castigar al alumno por equivocarse influye directamente sobre otro factor determinante del aprendizaje: la motivación. Si un alumno que empieza a aprender una nueva lengua recibe varios castigos en forma de nota o de ausencia de recompensa, su nivel de motivación descenderá hasta el punto de pensar que no vale suficiente para ello y, quizá, abandone el proceso de aprendizaje.

Por ello, quizá sería necesario aplicar ciertos matices al método de Skinner en el que se premiara a quien consiguiera los resultados mediante un estímulo positivo pero NO se castigara a quien no lo consiguiera. De esta forma, el alumno que se equivoque verá en los demás la recompensa tan gratificante que puede llegar a obtener si alcanza la meta marcada, pero no se sentirá tan frustrado como para sentirse inútil. Teniendo en cuenta que la no consecución de un objetivo marcado por el profesor puede estar relacionada con factores psicológicos, como la falta de autoestima o la ansiedad, o sociales, como una mala reacción del profesor ante los fallos, es esencial que el alumno no note animadversión hacia él cuando comete unos errores que, por otra parte, es necesario cometer para avanzar en el proceso del aprendizaje. ¿Qué opináis vosotros?
 

jueves, 8 de enero de 2015

¿Qué guarda un traductor en su cajón?

Hoy he abierto el cajón de mi escritorio y me he quedado observando la cantidad de cosas que tenía. Como un bolso o maletín, su contenido dice mucho de uno mismo...
Es curioso. Quienes no se dedican a la traducción se imaginan nuestras mesas con cientos de diccionarios de papel cebolla abiertos unos sobre otros, una lupa y una lámpara verde tipo abogado. Así lo imaginaba yo, al menos, cuando no sabía de qué iba todo esto.
 
 
 
Sin embargo, a juzgar por lo que comparten mis compañeros de profesión, lo que más predomina en el escritorio del traductor son los gatos y las tazas de café, llenas o no. Yo, como ni tengo gato (de hecho, me dan alergia), ni tomo mucho café (prefiero el agua) ni trabajo en casa, tengo otros compañeros de escritorio: un bloc de notas, Post-it, una plataforma para levantar la pantalla al nivel de los ojos, el iPod con los cascos para cuando el momento lo requiere (aka lubina time), etc.
Eso, en mi escritorio, pero en mi cajón se esconden muchas otras cosas fundamentales para mi día a día y voy a compartirlo con vosotros:
 
 
 
  • Limpiagafas: imprescindible. Sin él, básicamente, no me puedo concentrar. Un pegote, una huella, un salpicón o una mota de polvo en mi campo visual hacen que mueva inconscientemente la cabeza para todos lados a ver si así encuentro dónde está el problema. Como comprenderéis, no es algo que uno haga concentrado...
 
  • Crema de manos: mientras el resto del cuerpo acumula grasa y se queda frío (perdón por la imagen horrible, pero sabéis que es verdad), las manos están en constante movimiento (como las de un pianista) durante toda la jornada y a mí me gusta sentir que están hidratadas. ¡Parece que trabajen más a gusto!
 
  • Clínex: qué decir de los pañuelos. Sin ellos, nada sería fácil. Una nariz atascada o un moco cojonero pueden desviar tu atención hacia otros menesteres rápidamente.
 
  • Gelocatil/Frenadol: para uso propio o colectivo. Nada peor que un dolor de cabeza o de otro tipo (especialmente el que los hombres no conocen) para que la concentración se vaya al garete durante un buen rato. Recomiendo Gelocatil de 1 gramo (solución oral), ideal para quienes lo pasamos peor intentando tragar una cápsula que teniendo que reiniciar el ordenador en hora punta.
 
  • Frutos secos: lo mejor para picotear a media mañana no son ni galletitas pseudodigestivas, ni golosinas (aunque se agradecen cuando un alma caritativa de la oficina las va repartiendo cuando más se necesitan). Las nueces son mi opción. Las peladas, desde hace unos días. Antes me levantaba a pelarlas y así hacía un descansito, pero me he dado cuenta de que, en términos de productividad, ahorrarte esos cuatro minutitos puede hacer que cojas el cercanías a tiempo cuando llegue la hora de salir :-P
 
  • Cepillo y pasta de dientes: para quienes comemos de táper, fundamental por razones obvias. Sin lavarme los dientes, yo no me concentro.
 
  • Un peine: mi compañera María sabe que soy de la opinión de aprovechar cualquier actualización, descarga o "cargando en búfer" para darse una pasada por el flequillo.
Imagino que los autónomos identificarán "cajón" por "escritorio", un rinconcito tuyo y solo tuyo que refleja tal y como eres. Para vosotros ¿qué objetos son imprescindibles en vuestro día a día, para tenerlos cerca? ¿Tenéis alguna manía a este respecto? ¡Espero vuestras opiniones!
 
 
 
 

sábado, 20 de diciembre de 2014

Balance del 2014 en Traducir&Co


A puntito de cumplir tres años y en plenas fechas navideñas, creo que es un buen momento para hacer balance de este año 2014 que estamos a punto de dejar atrás. En estos años, Traducir&Co ya ha recibido más de 430 000 visitas y, aunque el número de entradas que he escrito durante este año ha sido bastante inferior al de otros, principalmente por motivos de confidencialidad (de todo lo que estoy aprendiendo, que es mucho, no puedo hablar, jaja) y también por falta de tiempo, tres entradas publicadas durante este año se han colocado entre las más visitadas "de todos los tiempos" del blog:

 
Si tuviera que hacer balance, al margen del blog, diría que ha sido un año muy productivo (esa es la palabra, sí, xD) en el que he seguido aprendiendo procesos, herramientas, métodos y demás gracias a un trabajo exhaustivo día a día. Además, ¡tengo unos compañeros a los que adoro y que me aportan diariamente conocimiento y diversión a partes iguales!
 
En lo personal, no podría estar más feliz junto a la persona que quiero, a la que también he acompañado en el lanzamiento de proyectos nuevos y prometedores de su carrera profesional, y junto a la que también aprendo lo que no está escrito en todos los ámbitos <3.
 
Por otra parte, me he alejado un poco de las redes sociales, he compartido contenido ajeno más que propio (sobre todo ofertas de trabajo, que sé que es lo que más hace falta en estos tiempos) y he intentado (y conseguido) relativizar y darme cuenta de lo que realmente importa, después de que a principios de año cierto trol irrumpiera en el tradumundo para acabar a sablazos con el buen rollo.
 
Ya no recuerdo el último evento traductoril al que asistí, pero esto se debe principalmente a que, una vez empiezas a trabajar, los horarios y los días libres distan bastante de lo que uno podía elegir mientras estudiaba. No obstante, intentaré ir a alguno durante este 2015, si se dan las circunstancias adecuadas :)
 
Sin más dilación, me despido de este 2014 con esta entrada informativo-reflexiva, muy al estilo Traducir&Co, para desearos una muy feliz Navidad y una estupenda entrada en el año.
¡Hasta pronto!
 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Cómo son los inicios de los traductores autónomos? Testimonios reales

"¿Y cómo empezaste como autónomo?" es el equivalente a "¿y cómo os conocisteis?" de muchas conversaciones traductoriles. Por eso, y después de aquella entrada en la que algunos nos contaban sus inicios en la profesión, he querido repetir la experiencia con otros profesionales que esta vez nos relatan sus inicios específicamente como autónomos. Entre ellos, personas que he conocido en eventos, compañeros de trabajo, antiguos compañeros de clase, etc. Muy variadito para que sea lo más representativo que una entrada con experiencias personales pueda ser. Sin más dilación, allá vamos:


Ana Hermida Ruibal
PT, ES, GL > ES, GL 
Especialidad: jurídica/banca/seguros, turismo/hostelería/gastronomía, tecnología/programas informáticos/técnica y proyectos educativos


Mi primer encargo me llegó en 4.º de carrera, cuando estaba de Erasmus en Lisboa. Me lo pidió un traductor escocés que vivía en Vigo y necesitaba traductores para traducir al gallego unos relatos que había escrito. Me encontró por Internet, a través de mi página web (creo recordar), y te estoy hablando de 1998. Me quedé a vivir en Portugal y ese mismo año creé mi propia (micro)empresa en ese país y, aunque es un suicidio montar una empresa sin clientes y con gastos fijos, con mucha paciencia y restricciones (y compaginándolo con otros trabajos de docente) y, sobre todo, ganando clientes a través de otros clientes y colegas, la empresa consiguió salir adelante. Volví a España hace unos años y la mejor decisión que he tomado ha sido hacerme autónoma.



Álex González Amador
EN, FR > ES
Especialidad: Traducción audiovisual y localización, economía, música, historia y deportes


Empecé como autónomo algo después de acabar la carrera, aunque mi primer proyecto real tardó un par de meses en llegar. En ese tiempo, me dediqué a la docencia de español, traducción e interpretación y no tenía una estrategia definida de búsqueda de clientes (a la que ahora dedico una media de dos horas al día). Además, aproveché para diseñar mis tarjetas de visita y lo que sería mi futura página web que, aunque me ha dado visibilidad, no me ha ayudado a conseguir clientes. Actualmente, sigo compaginando la faceta de traductor con otras actividades.

En cuanto a la fiscalidad, de momento yo llevo todas las cuentas y, aunque Internet está lleno de información, las últimas dudas las resolvía preguntándole a otro traductor, algo que me ha resultado crucial para poder encargarme yo solo de todo.

La clave del traductor autónomo es ser constante y el boca a boca. Si conseguir los clientes es difícil, mantenerlos lo es más aún y, para ello, hay que salir de nuestro ámbito, actuar como un autónomo más, como un empresario.



Ángela García y María Zugazabeitia: Contilde (¡compis de carrera!)
EN, FR, DE, PT, IT <> ES


"Después de acabar la carrera, ambas empezamos a trabajar de profesoras en una academia de inglés, pero la idea de dar el salto como traductoras autónomas cobraba cada vez más peso, hasta que un día, un café y unas horas bastaron para tomar la decisión: montábamos Contilde.

Tras informarnos mucho y armarnos de paciencia, creamos esta empresa (que no agencia), cuya inversión inicial no superó el coste de una licencia de TAO y de la página web, que, al fin y al cabo, es tu carta de presentación. Empezamos a asistir a cursos y encuentros tanto para traductores como para otros ámbitos, algo que consideramos clave para conseguir clientes.

Es importante contarle a todo el mundo que eres traductor (con tarjeta de visita por medio), porque muchos de los primeros encargos surgen de tu propio entorno. Actualmente, un año después de la creación de Contilde, seguimos compaginando la traducción con la enseñanza y con nuestra propia formación (máster, por ejemplo), ya que tampoco dedicamos todo nuestro tiempo a la empresa. Sin embargo, creemos que el número de clientes que se puede conseguir es directamente proporcional al tiempo que se dedica a buscarlos, y nuestras expectativas para el año que viene son seguir creciendo hasta que podamos, por fin, vivir de la traducción".


Iris C. Permuy
EN, FR > ES
Especialidad: traducción audiovisual y literaria

Empecé a trabajar como traductora autónoma poco antes del último examen de la carrera y fue como empiezan las buenas novelas: con la dosis justa de casualidad y causalidad. Un familiar francés conocía al director de recursos humanos de la Unión Internacional de Arquitectos, que le comentó que buscaban traductores de español. «Mi prima acaba de terminar la carrera», le dijo. Nos puso en contacto e hice una primera traducción a modo de prueba. Debió gustarles, pues de eso han pasado más de tres años y sigo colaborando con la UIA.

A partir de entonces, mi labor como traductora autónoma ha sido intermitente, dado que he pasado algunas temporadas becada en el extranjero y, aparte de no encontrarme físicamente en España, becas la Fulbright exigen dedicación exclusiva. Estuve un año instalada en Barcelona en el que me dediqué casi en exclusiva a la traducción de una enciclopedia en colaboración con otro traductor, y desde que volví de EE.UU. he traducido manuales DIY y he subtitulado series y documentales gracias a colegas que, al recibir estos encargos, pensaron en mí.

Así pues, apenas he conseguido trabajo a través agencias, prácticamente todo ha sido gracias a compañeros de profesión y amigos. Obviamente, todavía me estoy asentando y creándome una cartera de clientes pero, para mí, el origen de mis traducciones demuestra la importancia de crearse una buena red de contactos y del valor social del boca a oreja.


Lourdes Yagüe
EN, FR> ES
Especialidades: Especialidad en jurídica, finanzas y marketing


Cuando me planteé ser autónoma, trabajaba en una agencia de traducción. Me hubiese gustado pasar más tiempo allí para adquirir más experiencia y soltura (tanto en mis traducciones como en el trato con el cliente), pero las circunstancias fueron otras y me tocó lanzarme mucho antes, a las bravas y «con lo puesto». Por lo menos, sí que me dio para aprender algo sobre el funcionamiento del mercado de la traducción, la gestión de proyectos y, por supuesto, mejoré muchísimo como traductora. Eso me sirvió para empezar con algo de confianza (aunque fuese un poquito). 

No puedo decir con detalle cómo empecé porque, para ser sincera, me he abierto paso en el más absoluto caos. No empecé con un plan estratégico bien definido sino que fui encauzando mi rumbo con cada nuevo paso que daba y siguiendo mi intuición. Eso sí, no he parado de investigar, de informarme por mi cuenta, de probar cosas… y de ahí (ya sí) fueron surgiendo oportunidades y empecé a aprender sobre estrategia, planes, marketing y demás. Aunque algunos trabajos «han venido solos», muchos otros me los he buscado yo, haciendo propuestas.

Las oportunidades también hay que crearlas. Los primeros clientes los conseguí haciendo llamadas, enviando correos y a través de contactos, tanto por parte de compañeros que me han pasado trabajo como por recomendaciones de otros clientes, de conocidos míos o de gente que he ido conociendo en diferentes lugares. Creo que con esto no le descubro nada nuevo a nadie porque, la verdad, es que no hay fórmulas mágicas, ni hay que inventar la rueda. Lo que sí hay que hacer es atreverse, tomar decisiones, trabajar y perder el miedo (¿qué es lo peor que te podría pasar?), informarse, probar, corregir lo que no funcione, potenciar lo que sí y mantener una actitud positiva.


Elisa Orellana Huhn
EN <> ES
Especialidad: marketing, ventas, publicidad, RR. HH., tecnologías de la información y la comunicación, software y videojuegos.

Comencé mi andadura como autónoma junto a mi mejor amigo en septiembre de 2014. Desde que decidimos emprender hasta que emprendimos pasaron cuatro meses en los que yo tuve pánico constantemente. Empezar de autónoma implicaba dejar mi trabajo fijo de revisora en otra empresa: «¡Adiós, nómina! ¡Hola, inseguridad!». Pero una vez sopesadas las posibilidades, no dudé en decidirme.

Entonces empezó lo difícil: arrancar. Comenzamos a publicitar que montábamos una empresa, y el boca a boca quiso que llegaran algunas traducciones. Pasé cuatro meses trabajando 40 horas semanales en una empresa y luego otras tantas en casa. Además, nos reuníamos casi todas las tardes para organizar lo que había que hacer: la web, la gestoría, el plan de empresa, una lista interminable de cosas. No conseguimos tachar todo de la lista: el tiempo voló.

Durante este año he aprendido que el autónomo debe tener varias cualidades: paciencia, perseverancia, disciplina, control. No solo para sentarse en la silla a buscar trabajo o traducir, también para saber cuándo tomarse un descanso, salir de casa o coger el día libre. También es fundamental saber que la suerte juega un papel clave: estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Lo más difícil es que nunca sabes si estás haciendo bien las cosas. Mandamos cien correos electrónicos y muchas veces no recibimos ninguna respuesta. Otros días mandamos uno y sale trabajo para un mes. Emprender da mucho miedo, no vale darse por vencido a la primera.

Hoy, sin una nómina fija, sin saber lo que voy a ganar a final de mes, ni si mañana voy a tener trabajo o si voy a tener que pasarme todo el fin de semana traduciendo, volvería a tomar la misma decisión sin dudarlo ni un momento.


Roberto Rueda
EN > ES
Especialidad: testing y localización de videojuegos, páginas web y marketing


Mi caso es un tanto particular, ya que llegué a la profesión un poco “de rebote”, porque estudié Filología Inglesa. Cuando terminé la carrera, estudié el Máster Universitario en Tecnologías de la Traducción y la Localización de la Universitat Jaime I, donde tuve mi primer contacto con la localización de videojuegos gracias a una asignatura con María Luisa Crespo. Una vez finalizado el máster, hice las prácticas en Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos donde, durante dos años rodeado de grandes profesionales, aprendí muchísimas cosas del sector y su funcionamiento.

Finalizado mi contrato allí, decidí volver a mi tierra para establecerme como autónomo a principios de este verano de 2014. Los inicios, no nos vamos e engañar, son difíciles. En mi caso no abundan las ofertas de trabajo ni las respuestas a los currículums enviados (aunque, como las meigas, haberlas, haylas), así que dedico mi tiempo a participar en los proyectos que puedo y quiero (ya que, aunque acabo de empezar como autónomo hay tarifas y condiciones que me niego a aceptar), y lo compagino con todos los cursos de localización de videojuegos.

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¡Muchas gracias a todos!

Como veis, no hay unos comienzos iguales. La experiencia es distinta en cada caso, pero al menos a mí me encanta saber cómo empezaron a dar pasito a pasito los que tuvieron la valentía de lanzarse a la piscina.

¡Nos vemos pronto!

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Nueva plataforma de formación para traductores: @Traduversia


Quizá por la cantidad de aspectos que rodean a la traducción, la formación es uno de los ámbitos que más parece atraernos a los traductores y en el que más opciones tenemos entre las que elegir. A pesar de la amplia variedad de cursos que ya existe, Pablo Muñoz y Rafael López han decidido dar un paso más allá y crear no solo sus propios cursos, sino su propia plataforma. Se llama Traduversia y seguramente hayáis oído hablar de ella en los últimos dos días. Tan solo tiene unas horas de vida y ya ha conseguido llegar a muchos de vosotros. En la entrada de hoy quiero aportar mi granito de arena para darla a conocer aún más por una sencilla razón: porque me parece una iniciativa y un trabajo geniales.

Por ahora, los cursos a los que podéis acceder son los siguientes:

Al final de cada curso podréis acceder a una evaluación tras la que obtendréis un certificado del curso para incluirlo en vuestro CV o LinkedIn. Además de los cursos, en Traduversia también encontraréis foros y un blog en el que Pablo y Rafa irán publicando a menudo contenido interesante (como "Optimiza tu oficina para ser más productivo", "7 herramientas para crear tu propia página web", etc.). ¡Ah, y también podéis seguirles en su Twitter y en su página de Facebook!


Más allá de toda esta información, que habréis podido leer en las redes estos dos días desde su lanzamiento, el propósito de esta entrada va más allá: expresar mi admiración. Doy fe de que este proyecto tiene muchísimo trabajo detrás (¡ni más ni menos que siete meses llevaba gestándose!). Detrás de esa web se esconden cientos de pequeñas cosillas que han ido retocando para conseguir el acabado perfecto (que si el color de esa línea que separa dos secciones, que si el tono de verde de la entrada, que si el logo más arriba o más abajo, etc.).

Tanto Rafa como Pablo han puesto toda su ilusión en crear esta plataforma "por y para traductores", como ellos la definen, y doy fe de que Traduversia es el resultado de la perseverancia, la creatividad y la profesionalidad de dos traductores que han querido pasar a la acción y formar parte activa de la oferta formativa de cursos de traducción actual.

¡Desde aquí, mucha suerte, chicos! :-D





sábado, 15 de noviembre de 2014

Por qué (sí) estudiar un máster

Fuente

¡Un máster! ¡Yo! Después de darle tantas vueltas a las razones equivocadas para estudiar un máster y estar de acuerdo con reflexiones tan categóricas como "No estudies un máster", he decidido liarme la manta a la cabeza y hacer uno. ¿Por qué? Eso es de lo que trata esta entrada. Por ahora, os adelanto que el elegido es el Máster en traducción audiovisual (localización, subtitulación y doblaje) del ISTRAD.


¡Nueve meses casi justos desde esta entrada!


Es una decisión muy meditada; no son pocos los años que llevaba barajando la idea de cursar un máster de traducción audiovisual. De hecho, fue allá por 2011, mientras buscaba información sobre mi otra opción, el METAV, cuando me topé por primera vez con el blog de un tal Pablo Muñoz :), pero eso es otra historia...
 
Quería empezar a trabajar antes de decidir en qué especializarme para comprobar qué echaba en falta en mi día a día profesional y, ya de paso, ahorrar un poco. Ahora, un año y medio después de empezar a trabajar como traductora en plantilla, sé que echo de menos la creatividad y los retos que se plantean en la traducción de películas, series, cómics, etc. En realidad, mi experiencia en estos campos es la justa (la que me aportó la carrera) y precisamente por eso quiero ahondar en este ámbito. Además, este máster incluye asignaturas de localización que me servirán para reafirmar y ampliar lo que ya estoy aprendiendo en el trabajo.
 
Las razones por las que elegí este máster y no otro son varias:
  • El precio: son 1680 euros (frente a los casi 5000 que alcanza el otro que barajaba) y se puede fraccionar el pago en cuatro plazos.

  • La modalidad: por supuesto, al estar trabajando necesitaba que se pudiera cursar a distancia y, aunque es una opción que también otros ofrecen, después de ver el cronograma, me pareció que se adaptaba muy bien a mi ritmo de vida.

  • La duración: el hecho de que dure dos años hace que el ritmo sea bastante relajado (se entregan dos actividades al mes), aunque, si os interesa, también se puede cursar en un año la modalidad condensada.

  • Las materias: traducción aplicada al doblaje (series, animación, cine), problemas de corrección idiomática, técnicas de subtitulación, localización, etc. Además, también se aborda la realidad de la traducción audiovisual en la actualidad.


  • Las combinaciones de idiomas: este máster ofrece varias combinaciones de idiomas, una opción que me parece muy interesante para que lo puedan cursar traductores nativos de distintas lenguas:













Por todo esto, después de darle muchas vueltas a distintas opciones, comparar planes de estudios, precios, etc., me he decidido por este máster, que empieza en cuestión de horas. ¡Además, ya sé de algún traductor que tendré de compañero en esta nueva etapa! ¿Y vosotros? ¿Qué razones os han llevado a estudiar o no un máster? ¿Por qué ese y no otro? ¡Os animo a comentar!

Por cierto, para los que estéis dudando entre el ISTRAD y el METAV, como me pasaba a mí, aquí os dejo el vídeo comparativo que hizo Pablo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Cómo ir preparando tu entrada en el mercado laboral (Entrada mía publicada en el blog OPEM)

Hace unas semanas un paisano bloguero, José J. Alonso, autor de http://www.orientacionparaelempleo.com y al que conocí de casualidad por Internet, me propuso que escribiera una entrada para su blog (que, por cierto, me parece escandalosamente bueno), así que allá que fui, a dejar mi granito de arena en ese ámbito que tanto me gusta que es la orientación (de hecho, acabo de crear DBAU, otro blog, esta vez para los estudiantes de bachillerato que pronto pasarán a la universidad). Sin más dilación, por aquí os dejo mi entrada:
 
 
 
Cuando alguien ya ha abandonado la universidad y aconseja a un estudiante “aprovechar al máximo” la etapa universitaria, uno piensa automáticamente en disfrutar de la libertad que supone no tener cargas económicas y de disponer de su tiempo libre. Sin embargo, detrás de esta frase se esconde otra faceta más práctica y enfocada a otro tipo de disfrute: aprovechar la etapa universitaria para ir “abriendo boca” respecto al mundo laboral para que no te pille desprevenido llegado el momento.
 
No son pocas las personas que exprimen al máximo la dulce época de las aulas hasta el extremo de que el momento de buscar empleo se les echa encima antes de lo previsto. Una de las razones, además de creer que el momento nunca llegará, es el pesimismo inaudito que prodigan los medios. Si te dejas amilanar y recurres al “con la que está cayendo” y “las cosas están muy mal”, posiblemente entres en el saco de los que rechazan la idea de buscar trabajo porque “total, no voy a encontrar nada”. Pero debes saber algo: hay otro saco en el que, personas con la misma realidad ante ellos que tú tienes, deciden prepararse antes de terminar sus estudios precisamente para que el mercado y las circunstancias no les pillen tan vulnerables como uno sale de la universidad si no se ha movido antes. 
 
Por eso, como te puedes imaginar, yo soy partidaria de interpretar la etapa de estudios como un regalo para ir planificando cuáles serán nuestras opciones, qué queremos hacer, cómo queremos conseguirlo, a qué estamos dispuestos para lograr ese objetivo, etc. Recuerda que aplazarlo o evitar pensar en ello no evitará que el momento llegue. Lo primero que debes hacer es hacerte DOS preguntas. Sí, solo dos:
 
  • ¿Quieres seguir estudiando o empezar a trabajar? En el caso de querer seguir estudiando, ¿por qué? No será una forma de prolongar la etapa universitaria y postergar la entrada en el mundo laboral, ¿verdad? Si es así, ojo a las razones equivocadas para estudiar un máster. Si, por el contrario, tienes claro que quieres especializarte en X para entonces dar tus primeros pasos, adelante.

    Cuando se va acercando el abismo del final de la carrera, a muchos les entra el pánico y deciden estudiar un máster por pura inercia con la “excusa” de estar mejor preparados (a veces no tienen claro ni en qué les gustaría especializarse, pero piensan que en el CV quedará muy bien el título). Si no estás seguro de lo que quieres hacer, lo mejor es que vuelques tus esfuerzos en buscar un trabajo y conocer tu sector. Además, ponerte a trabajar no implica descartar la idea de volver a estudiar más adelante (ahora que hay másteres online, por ejemplo). No olvides que pocas cosas te hacen pisar más sobre seguro que empezar a trabajar para darte cuenta de lo que te gusta y lo que no. Una vez toques una o varias ramas, te darás cuenta de si te apetecería dedicar los próximos años a trabajar en ella.
 
  • Si decides que lo que quieres es dar el gran salto y empezar a trabajar, ya tienes una decisión sólida sobre la que dar los siguientes pasos:

    • Estudia tu sector. ¿Qué se pide? Mira ofertas de trabajo de todo tipo y observa qué tienen en común. ¿Piden inglés? Es el momento para sacarte un título (aquí puedes ver cómo me saqué el Proficiency por mi cuenta). ¿Qué características comparten todas las ofertas? De todos los requisitos, probablemente lo que te eche para atrás sea que, como la pescadilla que se muerde la cola, piden experiencia; experiencia que no puedes adquirir si nadie te da una primera oportunidad. Es una realidad complicada, pero es una realidad a la que todos nos enfrentamos al principio. Adopta, pues, la postura de quienes están en el saco de los que están dispuestos a lanzarse a la piscina y superar los obstáculos que se tercien: “Partiendo de la base de que piden experiencia y yo no la tengo… ¿cuáles son las cartas que puedo jugar?”.

      Puedes jugar varias cartas. En primer lugar, y dado que tienes tiempo porque aún estás estudiando, analiza cómo puedes adquirir experiencia antes de llegar a un Empleo con mayúsculas. ¿
      Voluntariado? ¿Cursos con opción a prácticas? ¿Congresos o eventos en los que puedas contactar con gente que te pueda servir de contacto? ¿Estudio online con páginas tipo Coursera y MiríadaX? Estudia tus opciones de adquirir experiencia mientras estudias. Busca las empresas que te interesen (si quieres trabajar por cuenta ajena) o a qué clientes te quieres dirigir (si quieres trabajar por cuenta propia) y estudia qué valoran y requieren.

    • Estúdiate tú. ¿Cuáles son tus puntos fuertes y débiles? Si eres tímido, no querrás estar de cara al público; si te agobias con facilidad, no querrás aceptar un trabajo en el que busquen a alguien que sepa trabajar bajo mucha presión; si eres casero, no querrás optar a un trabajo que pida disponibilidad para desplazarse a menudo.
 
Aquí volvemos a lo que decíamos antes de analizar a qué estás dispuesto para conseguir tu objetivo. Una cosa es no tirarte de cabeza a una piscina que claramente es contraria a tus ideas y otra, rechazarlo todo porque nada se adapta exactamente a tu personalidad o circunstancias. Quien algo quiere algo le cuesta y a trabajar se aprende trabajando. Puede que te sorprendas de lo que eres capaz.

En cualquier caso, la personalidad de cada uno es un mundo y en lo que te debes centrar es en qué puedes ir haciendo en este ámbito: por ahora, con saber qué estás dispuesto a sacrificar, qué te ves capaz de ofrecer y qué límites vas a ponerte, es más que suficiente. Por ejemplo: “Creo que se me da bien explicar X, así que me veo capaz de trabajar de cara al público en X aunque me cueste, pero no estoy dispuesto a salir de mi ciudad”. Ahí ya estás marcando tus límites (no salir de tu ciudad), lo que estás dispuesto a sacrificar/superar (tu miedo a atender en público).
 
Una vez adoptes esa postura, ya sabes qué tipo de trabajo va más contigo y las condiciones que te harán descartar un posible trabajo. Porque recuerda que no se trata de optar a cualquier trabajo por el hecho de trabajar y romper con las horrorosas estadísticas, sino de que ese primer empleo te resulte lo más atractivo posible, dentro de las posibilidades (estás empezando), para que te sirva para conocer por dentro el sector, lo que te gusta, etc. Si sales escaldado por no haber elegido bien dónde meterte, será contraproducente.
 
    • Deja que te estudien a través de Internet/redes sociales. Por suerte, en esta época tenemos a nuestro alcance cualquier tipo de información. Si no la encuentras, es que no la has buscado bien. Tener presencia en Internet es importante, aunque hay distintos niveles y no todo el mundo está dispuesto a todo. Por eso, yo distingo entre tres niveles de presencia:
 
i.      Nivel básico: Es el que, te guste o no, debes tener. Se trata de dos factores básicos: estar en Google y tener un CV atractivo a la vista de quien lo busque. Primero, prueba a buscar tu nombre completo. ¿Qué aparece? Si el primer enlace es tu perfil de LinkedIn o una página de About.me, vas por buen camino (y siempre puedes mejorar más aún tu presencia). Si no aparece nada concreto, ponte las pilas. Posicionarse en Internet lleva tiempo y, por suerte, tú aún lo tienes. Créate un perfil y diseña un CV atractivo. El currículum del recién licenciado ha de ser impecable y estar muy meditado para maquillar la falta de experiencia.
 
 
ii.      Nivel medio: Tener más que un perfil profesional, como una cuenta de Twitter o una página de Facebook en la que, quien te busque, pueda saber más sobre ti (cómo escribes, cómo te expresas, a qué le das importancia, cómo gestionas tu tiempo…). Aunque no te des cuenta, hay mucho que uno puede inferir al ver algo más que un CV. Ya para empezar, si tú tienes una red social que otra persona no, ya tienes más posibilidades de que te encuentren y, por ende, te conozcan. Esto es positivo siempre y cuando des una imagen profesional en ella, claro.
 
 
iii.      Nivel avanzado: Estar presente en distintas redes, ofrecer distintos perfiles y escribir un blog. Ojo, escribir un blog es una buena herramienta para darse a conocer siempre y cuando seas constante, escribas contenido de calidad, bien escrito, relacionado con tu sector y en el que te muestres humilde (como estudiante, no puedes vender humo; eso causaría el efecto contrario en quien te encuentre).
 
 
Como ves, los momentos previos a la entrada en el mundo laboral pueden ser mucho más llevaderos si te lo tomas con calma y no se ven influidos por que se apodere de ti el agobio de “y ahora qué hago” en junio/septiembre. Lo más importante es recordar que, como he dicho antes, no pensar en ello no evitará que el momento llegue. Muévete antes de acabar la carrera. De ti depende que el momento te pille preparado o en tu caparazón. ¿Con qué opción te quedas?